Cuatro soluciones al desafío climático, a debate

Para hacer frente al desafío del cambio climático se han propuesto diferentes soluciones. Nos hemos reunido con Brigitte Gloire, encargada del apartado climático en Oxfam Solidarité, para explicar hasta qué punto la eficacidad de estas soluciones ha sido demostrada o no. Como trasfondo del debate, recuerda ella: el problema es el uso de energías fósiles, responsables de las emisiones. La solución pasa por una revisión de nuestros patrones de consumo y por la inversión en energías renovables.

 

La Climate Smart Agriculture (CSA)

La CSA retoma una serie de conceptos e ideas propuestas por la Alianza Mundial para una Agricultura Climáticamente Inteligente (GACSA). “Aquellos que promueven la Climate Smart Agriculture son los mismos que defienden una agricultura altamente intensiva y productiva, no sostenible y orientada al mercado internacional “, explica Brigitte Gloire. Esto pone en duda las motivaciones de los defensores de esta solución. La falta de medios de los Estados para financiar soluciones agrícolas en respuesta al cambio climático aumenta su dependencia de los actores privados, que tienen así toda la libertad para promover propuestas que sirvan a sus intereses. Además, la CSA no impone criterios ambientales o sociales que permitan asegurar que se trata de una innovación beneficiosa para la sociedad.

El mercado de carbono

El Protocolo de Kyoto propuso reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) mediante la creación de un “mercado de carbono”. Así, los instigadores de esta iniciativa propusieron como solución la creación de un sistema en el que los emisores de GEI pudieran intercambiarse los derechos de emisión.
Para Brigitte Gloire, esto no es una solución: se traslada el problema, pero no se resuelve. «El mercado de carbono es el resultado de una capitulación respecto a tener una legislación fuerte que impondría normas y prohibiciones. Permite que los Estados cumplan con sus objetivos de reducción de emisiones mediante la realización de buenas obras mientras continúan emitiendo. El sistema también tiene un problema en cuanto a su aplicación. De hecho, éste sólo podría funcionar si una tonelada de carbono tuviera un precio muy alto, pero en 2013 ésta costaba menos de 6 dólares frente a los 30 dólares que tenía cuando el sistema se puso en marcha». «Los fondos públicos financian seis veces más la energía fósil que las energías renovables».
La «compensación de carbono» se introdujo rápidamente a nivel internacional. Otorga a un país el derecho a comprar reducciones de GEI fuera de éste. «Una especie de derecho a contaminar que traslada fuera la responsabilidad de reducir las emisiones y no obliga a reducirlas en el propio territorio».

Emisiones netas cero

Esta solución implica que siempre es posible emitir CO2 siempre que se compense con proyectos de reducción tales como proyectos de reforestación o de secuestro de carbono. Una vez más, Brigitte Gloire advierte de que «es un permiso para continuar como antes, para continuar utilizando la energía fósil mediante la ocupación de territorios que son necesarios para garantizar los derechos humanos». Por otra parte, entre los medios utilizados para compensar las emisiones de CO2, algunos no parece muy creíbles.
El secuestro de carbono, por ejemplo, que consiste en ocultar en las capas geológicas el CO2 liberado por las empresas, todavía no es tecnológicamente fiable y las consecuencias de este proceso aún se desconocen.

Los biocombustibles

Los biocombustibles son una bioenergía ya que se derivan de la materia viva. Se utilizan para abastecer al sector del transporte. En teoría, esto bioenergía emite menos CO2, ya que sólo emite el CO2 que ha secuestrado; en la práctica, depende de la fuente utilizada. En el caso del aceite de palma, por ejemplo, resulta todo lo contrario. Los biocombustibles necesitan mucho espacio y ponen en cuestión la priorización de las tierras. Las tierras, ante todo, deben ser utilizadas para alimentar y alcanzar la seguridad alimentaria y, después, para crear energía. La iniciativa europea «10% de biocombustibles para 2020» va en contra de esta evidencia. Para alimentar todos los coches de Bélgica solamente, se requeriría en biocombustibles una superficie equivalente a 17 veces Bélgica. «Las energías provenientes de la biomasa pueden ser una solución siempre y cuando cumplan con estrictos criterios de sostenibilidad – el respeto del derecho a la alimentación y el derecho a la tierra, tener un balance positivo en términos de reducción de GEI», explica Brigitte Gloire.

Las cuatro soluciones debatidas no están, por tanto, probadas para Brigitte Gloire. La solución debe pasar necesariamente por una revisión de nuestros patrones de consumo y desarrollo. ¡Hacer lo de siempre no es una opción!

Manon Eeckhaut, voluntaria

Para saber más:

Revista Dajaloo (Francés): Climat, business as usual is not an option !